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Mi historia

Cambiando el mundo desde lo más pequeño a lo más grande

Antes de iniciar este viaje, nunca me habría imaginado que sería una de las experiencias más enriquecedoras e inolvidables de mi vida, ni la cantidad de amor que llegaría a recibir de todos vosotros, ahora mi familia.

Siempre crecí con el profundo sentimiento de que nos pasamos tanto tiempo tratando de llenar nuestra vida con lo que recibimos, que no nos damos cuenta de que ésta, solo se llena y cobra sentido con lo que damos, contribuyendo a mejorar la vida de aquellos que nada tienen y nada piden.

Llegué a Mombassa, Kenia, un 25 de febrero, sin ninguna experiencia anterior en voluntariado internacional, llena de ganas, ilusión y fuerza… Pero también llegué desorientada, desprotegida, vulnerable, temerosa, sin saber realmente a lo que estaba a punto de enfrentarme.

Y la verdad, no es sencillo salir momentáneamente de nuestro entorno, fácil, seguro, rebosante,  y vivir durante unos días como ellos, sin nada, perdida en una parte del mundo a la que casi nunca prestamos atención. Calor asfixiante, falta de higiene, de agua potable, insectos, miseria…. Dos mundos, apenas separados por unas pocas horas de vuelo, pero dolorosamene tan diferentes. ¿Iba a ser capaz de sobrevivir a esta aventura?, ¿ Me estaría equivocando?..

El primer día apenas dormí. Por mi cabeza no dejaban de proyectarse las primeras imágenes que había recibido del país. LLegué de noche, una noche oscura, sin luces que alumbraran la carretera  de tierra por la que un taxi destartalado me llevó al orfanato desde el aeropuerto. En mi habitación, sola, atenta a todos los ruidos que aún no había aprendido a identificar, trataba de no olvidar las razones que me habían llevado hasta allí. Pero pensaba en mi casa, en mi cama con sábanas limpias, en el confortable silencio de mi habitación . Esa noche los conocí, aunque no les pondría cara hasta el día siguiente. Lloraban, pero en ese momento, aún no sabía porqué.

Al amanecer, Josephine, vino a despertarme. Sonreía, de la misma manera que la vería hacer durante las dos semanas que viví con ellos.  Una sonrisa eterna, siempre presente, que no dejaba adivinar los dolores que, según me explicaría mas tarde, le producía permanentemente la enfermedad estomacal que padecía debida a la desnutrición. Josephine, mi madre Keniata, a quien nunca dejaré de agradecer todos los cuidados que me dio durante mi estancia, me traía en una pequeña fuente de madera mi primera comida africana. Un vaso de té con leche, y unas piezas de fruta.

Josephine fue mi primer soplo de aire fresco, la primera pista que me ofreció el viaje de que estaba en el sitio adecuado, de que no me había equivocado…Pero mi corazón, me lo robaron ellos.

Gifft, con su energía, hiperactivo.Con ocho años, el mayor de todos los niños del orfanato, siempre preocupado por los demás, cuidándolos con el cariño que quizás el nunca ha recibido; Ian, caprichoso, testarudo, ingenioso..; Boni, con su ternura y bondaz, inquieto, curioso..; Brenda, y su capacidad de superación, su inquebrantable  fortaleza..; Juma, intrépido, valiente, decidido, siempre al frente..; Mark, tímido, cariñoso, siempre buscando el contacto de los demás; Arnold, Edlyn, Tumaini, King, Kayla, Victoria, Israel…

Mi experiencia duró quince días, intensos, largos, a veces difíciles, pero siempre enriquecedores; compartieron conmigo más de lo que tenían. Todos y cada uno de ellos me dieron más de lo que yo nunca podría llegar a darles.

Nunca podré olvidar sus sonrisas, sus manos menudas buscando las mías, sus besos, sus caricias. Y nunca podré olvidar sus ganas de vivir, la ilusión con la que cada mañana, salían del orfanato para ir a la escuela, impecablemente uniformados, con sus pequeñas mochilas a la espalda cargadas de esperanza.

Me marché de Mombasa, Kenia, un 15 de Marzo, después de despedirme de todos vosotros, pero se que aún no me he marchado. Cada mañana os veo, abriendo los ojos, extendiendo vuestros brazos para que os ayude a salir de la cama. Y cada noche os acuesto, y espero en silencio a que os quedeis dormidos. No os he olvidado, y se que nunca podré hacerlo.

Peter y Selpher, iniciaron hace años este proyecto. Ellos son quienes, con su esfuerzo y su tesón, han hecho posible que estos niños, mis niños, tengan hoy una oportunidad que el destino había querido arrebatarles. Nada de todo esto sería posible sin ellos, sin su generosidad, sin su incondicional entrega.

A través de esta página me gustaría  daros a conocer y colaborar con Peter y Selpher para que este pequeño proyecto, creado  en un humilde rincón de Mombasa, pueda crecer y llegar a ser grande. Ojalá pueda ayudaros a cambiar vuestro mundo, de la misma manera que vosotros me ayudasteis a mí a cambiar el mío.

Sandra