La expedición Balmis, está considerada la primera misión humanitaria de la historia. Dirigida por el militar y cirujano del ejército, el alicantino Franciso Xavier de Balmis, esta epopeya histórica lograría salvar millones de vidas en el continente americano y en todo el sudeste asiático. En ella, 22 huérfanos, de edades comprendidas entre los tres y los nueve años, se erigieron como auténticos protagonistas, héroes silenciosos de esta aventura que ayudaría a cambiar el mundo.

La  viruela

La viruela figura entre las enfermedades más devastadoras que jamás hayan existido en la historia de la humanidad. Alteró dramáticamente el curso de la historia,contribuyendo al declive de civilizaciones enteras.

La primera epidemia conocida de viruela fue en 1320 AC, durante las guerras entre el imperio hitita y Egipto. Los prisioneros egipcios, contagiaron la enfermedad a los soldados y civiles, extendiéndose por todas partes como una maldición, provocando innumerables muertes en toda la población.

Posteriormente, los comerciantes egipcios y levantinos transportarían la enfermedad a tierras remotas, incluida la India, llegando e extenderse por la práctica totalidad del mundo conocido.

Con el descubrimiento de América, la viruela alcanzó el nuevo continente, en donde provocó unos efectos devastadores. Se calcula que un 90 por ciento de las muertes indígenas durante la colonización Europea, fueron a causa de enfermedades y no por la conquista militar.

A lo largo de la historia, periódicas  epidemias diezmaron las poblaciones, dejando graves secuelas a los supervivientes.  Se estima que, en Europa, la viruela acabó con 60 millones de personas sólo en el siglo XVIII.

La vacuna de la viruela

En el año 1796 el doctor Inglés Eduard Jenner iba a lograr descubrir la primera forma efectiva para detener la enfermedad. Jenner, observó que las vacas, propensas a padecer una enfermedad llamada  variola vaccinae o viruela de las vacas, que producía erupciones en las ubres semejantes a las que producía la viruela humana, en ocasiones contagiaban la enfermedad a las campesinas que se dedicaban a ordeñarlas, provocándoles la aparición de  heridas en las manos. Por fortuna, era esta una dolencia de carácter benigno, y los afectados, no tardaban en recuperarse con muy pocas secuelas. Pero lo que verdaderamente llamó la atención de Jenner, fue que estas personas , se volvían inmunes contra la viruela humana.

Inoculó en el brazo de James Phipps, un niño de 8 años, pus procedente de las llagas de las manos de una ordeñadora que se había infectado en su contacto con las vacas. El niño desarrolló la enfermedad típica de las vacas, y se curó completamente unos días más tarde. Unas semanas después, Jenner infectó de nuevo al niño, esta vez con el virus procedente de un enfermo de viruela, y pasados los días, pudo comprobar que la temible enfermedad, no llegaría nunca a desarrollarse.

Jenner llamó a su método vaccinia, por variola vaccinae, o la viruela de las vacas de dónde sacó la idea. Acababa de nacer la primera vacuna. El éxito fue monumental. Las personas inyectadas no corrían peligro, y quedaban protegidas contra la temible viruela.

La expedición Balmis

Cinco años después de la publicación de este descubrimiento, el rey de España CarlosIV, quién había perdido a una de sus hijas por la viruela, mandó organizar una expedición para extender la vacuna a todos los dominios de Ultramar (América y Filipinas). Los objetivos de la expedición sanitaria, eran la vacunación de la población infantil, la enseñanza a los médicos locales de la técnica antivariólica, la organización de juntas de vacunaciones y el mantenimiento del suero para continuar las inmunizaciones. La expedición se denominó Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, y a su cargo, se nombró al médico español Francisco Xavier Balmis.

Llevar la vacuna de la viruela al otro lado del mar suponía, sin embargo, todo un reto. Sin sistemas adecuados de conservación ni refrigeración, no parecía que hubiera forma de asegurar la supervivencia del virus. Se había intentado enviar la vacuna a América con suero desecado entre dos cristales y sellado con parafina, pero siempre había llegado inservible. Tampoco se habían encontrado en las colonias vacas enfermas con su viruela. La solución, llegó de manos del Doctor Balmís, responsable médico del proyecto: la vacuna de la viruela no llegaría a las Américas en tubos de ensayo, sino en los cuerpos de 22 niños. El ambicioso plan concebía la utilización de una cadena humana integrada por niños sanos que irían siendo inoculados sucesivamente con el virus extraído de las heridas de los niños vacunados la semana anterior. Así, se pretendía conservar la vacuna en el organismo de aquellos pequeños.

El 30 de noviembre de 1803, zarpó desde el puerto de La Coruña el barco Maria Pita,  con 37 personas a bordo, entre los que se encontraban los 22 niños preparados para servir como portadores del virus. 4 procedían de la Casa de Desamparados de Madrid, y los 18 restantes del Hospital de la Caridad de La Coruña.

Los niños de corta edad resultaban idóneos ya que la vacuna prendía en ellos con más facilidad;  unos diez días después de infectados, surgían un puñado de granos  que exhalaban la vacuna antes de secarse definitivamente. Era el momento de traspasarla a otro niño. Balmis vacunaba dos niños cada vez para asegurarse de que esta cadena humana no se rompiera. De esta forma, los niños suponían el auténtico motor de la expedición, la “gasolina” que hacía avanzar la empresa. “

Finalmente, la expedición cumplió su objetivo. Inmunizaron a medio millón de personas, levantaron centros para que siguieran con las vacunaciones y lograron detener la expansión de la enfermedad.

El recuerdo

Hoy en día, en La Coruña, puerto de partida de la expedición, se rinde homenaje a todos esos niños. En las inmediaciones del museo de la Casa del Hombre, Domus, queda para el recuerdo una pequeña plaza con vistas al mar que vio partir la expedición. Sobre las columnas que la delimitan, han quedado instaladas 22 placas, con los nombres y edades de los críos, de tres a nueve años de edad, que partieron el 30 de noviembre de 1803 a bordo de la corbeta María Pita con rumbo a América.

Benito Vélez (9 años), Andrés Naya (8 años), Antonio Veredia (7 años), Cándido (7 años), Clemente (6 años), Domingo Naya (6 años), Francisco Antonio (9 años), Francisco Florencio (5 años), Gerónimo María (7 años), Jacinto (6 años), José (3 años), Juan Antonio (5 años), Juan Francisco (9 años), José Jorge Nicolás de los Dolores (3 años), José Manuel María (6 años), Manuel María (3 años), Martín (3 años), Pascual Aniceto (3 años), Tomás Melitón (3 años), Vicente Ferrer (7 años), Vicente María Sale y Bellido (3 años) y un niño más que falleció durante el viaje, fueron todos ellos los auténticos héroes de esta aventura.

La Organización Mundial de la Salud declaró el 8 de mayo de 1980 la erradicación de la viruela, un gran avance en la salud pública. La humanidad estará siempre agradecida de la iniciativa de los profesionales de la medicina, y a todos los niños que formaron parte de esta misión, verdaderos héroes anónimos salvadores de vida.