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Gabriela Pola (México)

Decidí hacer este viaje de voluntariado con mis dos hijas con el apoyo de mi esposo y así tener también la oportunidad de compartir mi vida con personas de diferentes culturas y creencias, eligiendo Kenia, por ser África el continente con mayor pobreza, desnutrición y enfermedades en el mundo.

Sin embargo, puedo decir que a pesar de estas situaciones, en donde efectivamente a cada paso que daba las imágenes eran fuertes y llenas de contrastes, siempre encontré la fuerza para seguir adelante, la actitud y el amor para disfrutar y aprender de esto. Logré hacer divertido el transportarnos en un destartalado Tuk Tuk, (moto taxi) por algunas de las calles sin pavimento de Mombasa, en donde a nuestro paso siempre encontramos gente divina.

Pero mi corazón se quedó en el  Baby Life Rescue Centre. Mi convivencia con estos pequeños, ahora mis niños, le dió un giro de 360º a mi vida.

Partimos de México llenas de emoción, bendiciones, maletas de ropa y juguetes que nuestra gente querida donó para llevarles, así como ayuda económica que incluía los ahorros de una pequeña y las ganancias de la venta de tortillas de maíz en un rancho organizada por una joven de 20 años, jamás dejaré de agradecerles, porque aunque el viaje lo hicimos mis hijas y yo, logramos extender las manos y ayuda de toda esta gente divina hasta Mombasa.

Mi más enriquecedora experiencia de vida fue pensar que era yo quien iba a ayudar y cambiar la vida de la gente en el albergue, sin embargo, el aprendizaje me lo dieron ellos. Efectivamente las carencias y enfermedades que viven día a día son incontables, pero la energia, el amor, la pasión y felicidad con la que viven mis niños, así como el personal que los cuida, me sensibilizaron a ser mucho más agradecida y a vivir intensamente cada respiro de mi vida.

Fue más que admirable convivir con pequeños de tan corta edad. Sin olvidar que tambien cuentan con las cualidades de cualquier niño de su edad, ellos se desenvuelven como personas maduras, educadas, organizadas e independientes, además de ser inmensamente compartidas y amorosas entre ellos, pero con una enorme necesidad de amor maternal.

No dejaba de sorprenderme día con día su capacidad para disfrutar la más sencilla y poco nutrida comida que tienen a su alcance, compensándola con un animado baile y canto por habérsela terminado, siempre disfrutando con  alegría las cosas que tienen.

Sus momentos de oración y agradecimiento, a través de la unión de sus cálidas manitas con las mías, cantos y bailes, era el más preciado bálsmamo de amor y fe que mi alma podía recibir cada atardecer.

Coincido plenamente con Sandra, fundadora de este proyecto que ahora mi vida esta llena y ha cobrado sentido a través de lo que estoy dando, contibuyendo asi,  para mejorar en algo  la vida de los que poco tienen.

Haber compartido solo algunos días de mi vida trabajando y atendiéndolos, recibiendo sus abrazos, la caricia, la sonrisa y el beso más honesto y desinteresado que desde su corazón me daban, han llenado ya mi ser  de bendiciones y emociones que jamás imagine llegaría a sentir.

Vivo extrañándolos a cada paso que doy, pero cierro ms ojos poniéndolos en oración, teniendo la certeza de que habrá un hogar y un mejor mañana para cada uno de ellos.  Que asi sea……